Apreciada familia, amigos y conocidos,
Os escribo estas líneas para disculparme por mi comportamiento de los últimos meses; disculparme por mi mal humor, mis salidas de tono, mi pasotismo, mis paranoias y sobretodo, mi distanciamiento de todo y de todos. Querría que comprendieseis lo incomprensible, y digo esto, porque sé que lo que voy a contaros a continuación es del todo irracional, es una situación que n yo soy capaz de entender pero os prometo que es real como el mundo o al menos, como el mundo que vosotros conocéis.
Aprovecho también para despedirme pues sé que mis momentos de lucidez se terminan. Tengo miedo de abandonaros, pero ya no puedo esquivar más mi destino. Hace mucho tiempo que en mi interior se está produciendo una lucha entre mi razón y una fuerza infinitamente superior que pretende seducirme para conducirme a un mundo imaginario e irreal, donde mi anhelada y sensual Anne es el centro. Hasta ahora he podido resistir la tentación de permanecer en este paraíso, pero noto como mi voluntad se debilita día tras día, y ya no queda lejos el instante en que cederé y me abandonaré a mi mismo para dejar sitio a un nuevo Jordi Grau. Libre de ataduras y responsabilidades y totalmente entregado a gozar de los placeres del sueño. Pero ya os he avanzado demasiadas cosas, es hora de empezar a relataros los acontecimientos que me han conducido al estado en que me encuentro en este momento.
Antes que nada, debería describirme a mi mismo tal y como yo era antes de que todo esto sucediese. Lo hago sobretodo pensando en aquellos de vosotros que no me conocíais demasiado, y sinceramente espero que vosotros que me tratáis de hace mas tiempo (padres y amigos fieles) estéis de acuerdo conmigo si afirmo que el adjetivo que mejor se adecua a mi persona es el de normal, tanto en el sentido común de la palabra (es decir que siempre he estado uno más entre muchos, sin destacar ni para bien ni para mal en ninguna actividad) como en su sentido más académico, siempre he pretendido seguir las normas fuesen estas de tipo social, académico, deportivo, etc. Claro que tengo mis rarezas como por ejemplo mi pasión por la mitología clásica, pero quien no tiene alguna singularidad que lo hace diferente de los otros…
Era el 3 de abril, recuerdo perfectamente la fecha porque era el día antes del aniversario de mi madre. Por la tarde quedamos con mi hermana para comprar algún detalle para nuestra madre. Por esa época mi hermana estaba ayudando a un profesor suyo de bellas artes a organizar una exposición en el Palau Robert así que acordamos encontrarnos en unos bancos que hay en la esquina de la Diagonal y Paseo de Grácia. Otra de mis rarezas es la puntualidad, no es que sea un fanático de ella, ni tampoco me molesta que el resto de gente no sea puntual conmigo, simplemente me gusta llegar puntual a mis citas. Bien, pues ese día como es habitual fui puntual, y también como es habitual, mi hermana se retrasaba de manera que me dispuse a sentarme y esperar pacientemente.
Fue entonces cuando la vi, era la cosa más bella que nunca había contemplado; llevaba un vestido primaveral largo que le llegaba hasta los tobillos pero que dejaba entrever unas formas y unas redondeces adolescentes inusualmente perfectas. De la misma forma, llevaba un sombrero de ala ancha que protegía su rostro de los rayos hirientes del sol y de las miradas ardientes de los viandantes, pero que a su vez dejaba adivinar un rostro fresco y suave como una brisa de agosto.
Me levanté para admirar sus facciones con más detalle y justo en ese instante mi hermana llegó. Aún aturdido por la visión de esa ninfa, le pregunté a mi hermana qué me podía decir de ella. Me contestó con palabras técnicas que parecía sacadas de una enciclopedia de arte y acabó preguntándome con sorna “desde cuando te interesas tu por la escultura?”. Tenía razón en ambas cosas: de su disertación sobre el estilo de la obra no entendí prácticamente nada pero era cierto que se trataba de una pieza romántica, eso lo veía incluso yo sin saber cuáles son las características de este movimiento artístico; también tenía razón en el hecho que a mi nunca me había interesado el arte, en la familia, ya de muy pequeños quedó claro que mi hermana seria la artista mientras que yo me convertí en ingeniero, y siempre había detestado el arte casi tanto como ella las matemáticas, pero esa escultura tenía algo, una fuerza, un magnetismo que había cazado mi atención.
Os escribo estas líneas para disculparme por mi comportamiento de los últimos meses; disculparme por mi mal humor, mis salidas de tono, mi pasotismo, mis paranoias y sobretodo, mi distanciamiento de todo y de todos. Querría que comprendieseis lo incomprensible, y digo esto, porque sé que lo que voy a contaros a continuación es del todo irracional, es una situación que n yo soy capaz de entender pero os prometo que es real como el mundo o al menos, como el mundo que vosotros conocéis.
Aprovecho también para despedirme pues sé que mis momentos de lucidez se terminan. Tengo miedo de abandonaros, pero ya no puedo esquivar más mi destino. Hace mucho tiempo que en mi interior se está produciendo una lucha entre mi razón y una fuerza infinitamente superior que pretende seducirme para conducirme a un mundo imaginario e irreal, donde mi anhelada y sensual Anne es el centro. Hasta ahora he podido resistir la tentación de permanecer en este paraíso, pero noto como mi voluntad se debilita día tras día, y ya no queda lejos el instante en que cederé y me abandonaré a mi mismo para dejar sitio a un nuevo Jordi Grau. Libre de ataduras y responsabilidades y totalmente entregado a gozar de los placeres del sueño. Pero ya os he avanzado demasiadas cosas, es hora de empezar a relataros los acontecimientos que me han conducido al estado en que me encuentro en este momento.
Antes que nada, debería describirme a mi mismo tal y como yo era antes de que todo esto sucediese. Lo hago sobretodo pensando en aquellos de vosotros que no me conocíais demasiado, y sinceramente espero que vosotros que me tratáis de hace mas tiempo (padres y amigos fieles) estéis de acuerdo conmigo si afirmo que el adjetivo que mejor se adecua a mi persona es el de normal, tanto en el sentido común de la palabra (es decir que siempre he estado uno más entre muchos, sin destacar ni para bien ni para mal en ninguna actividad) como en su sentido más académico, siempre he pretendido seguir las normas fuesen estas de tipo social, académico, deportivo, etc. Claro que tengo mis rarezas como por ejemplo mi pasión por la mitología clásica, pero quien no tiene alguna singularidad que lo hace diferente de los otros…
Era el 3 de abril, recuerdo perfectamente la fecha porque era el día antes del aniversario de mi madre. Por la tarde quedamos con mi hermana para comprar algún detalle para nuestra madre. Por esa época mi hermana estaba ayudando a un profesor suyo de bellas artes a organizar una exposición en el Palau Robert así que acordamos encontrarnos en unos bancos que hay en la esquina de la Diagonal y Paseo de Grácia. Otra de mis rarezas es la puntualidad, no es que sea un fanático de ella, ni tampoco me molesta que el resto de gente no sea puntual conmigo, simplemente me gusta llegar puntual a mis citas. Bien, pues ese día como es habitual fui puntual, y también como es habitual, mi hermana se retrasaba de manera que me dispuse a sentarme y esperar pacientemente.
Fue entonces cuando la vi, era la cosa más bella que nunca había contemplado; llevaba un vestido primaveral largo que le llegaba hasta los tobillos pero que dejaba entrever unas formas y unas redondeces adolescentes inusualmente perfectas. De la misma forma, llevaba un sombrero de ala ancha que protegía su rostro de los rayos hirientes del sol y de las miradas ardientes de los viandantes, pero que a su vez dejaba adivinar un rostro fresco y suave como una brisa de agosto.
Me levanté para admirar sus facciones con más detalle y justo en ese instante mi hermana llegó. Aún aturdido por la visión de esa ninfa, le pregunté a mi hermana qué me podía decir de ella. Me contestó con palabras técnicas que parecía sacadas de una enciclopedia de arte y acabó preguntándome con sorna “desde cuando te interesas tu por la escultura?”. Tenía razón en ambas cosas: de su disertación sobre el estilo de la obra no entendí prácticamente nada pero era cierto que se trataba de una pieza romántica, eso lo veía incluso yo sin saber cuáles son las características de este movimiento artístico; también tenía razón en el hecho que a mi nunca me había interesado el arte, en la familia, ya de muy pequeños quedó claro que mi hermana seria la artista mientras que yo me convertí en ingeniero, y siempre había detestado el arte casi tanto como ella las matemáticas, pero esa escultura tenía algo, una fuerza, un magnetismo que había cazado mi atención.
Después de ese último comentario por su parte, yo dije alguna tontería, nos reímos y marchamos a comprar nuestro re
La imagen de la estatua pero, no me abandonó durante todo el día, no podía sacármela de la cabeza y sobretodo me preguntaba como debía ser su cara pues no había podido verla bien. Me la imaginaba redondita, como todo su cuerpo, con unos ojos grandes y expresivos bien al contrario de las estatuas clásicas de los griegos y romanos que ni siquiera tienen pupilas, la nariz corta pero ancha al estilo de las personas de color, los pómulos salientes y recubiertos de unos finos pliegues de la piel provocados por una sonrisa y que le alcanzaban hasta la comisura de los labios, estos por otro lado eran carnosos y sensuales siempre preparados para ser besados.
Tampoco me abandonó la imagen durante esa noche, ni durante todas las noches que han seguido ese 3 de abril. Pero en mis sueños, la imagen inmóvil de día, cobra vida y me habla, y me explica todo lo que ha visto suceder desde el momento en que fue creada, me enseña que a pesar que ella no puede moverse, no tiene ninguna necesidad pues es el mundo el que se mueve a su alrededor… y la amo, la amo de la misma forma que centenares de personas la han amado a ella, sin necesidad de acariciarse, ni de besarse, ni de hacerse promesas, solo con la calidez de sus miradas y el reconocimiento de su belleza.
Al principio no le daba demasiada importancia a estos sueños, creía que en pocos días desaparecerían, ni tampoco intenté volver a verla porque pensaba, inocente de mi, que de esta forma la olvidaría antes.
En cambio, lo que no pude evitar es mirarme y encantarme en cada una de las esculturas que encontraba en mis recorridos diarios por Barcelona. Os habéis dado cuenta de la cantidad que hay? Supongo que no, así que os contaré que solo en mi recorrido diario de casa a la universidad en el autobús tengo contabilizadas siete de las cuales cinco son de bronce al igual que mi amada y curiosamente todas estas están encima de una fuente.
Precisamente fue un día que casualmente me encontrada admirando una de estas fuentes-estatuas que me asusté de veras cuando comprendí cuál acabaría siendo mi destino. Yo subía por la calle Pelayo paseando tranquilamente, haciendo tiempo para ir al cine, cuando al girar a la derecha para coger la Ronda Universidad me la encontré de cara. Era del mismo estilo que ella, hasta diría que la había esculpido el mismo artista, pero esta vez representaba un chico de unos 15 años que iba en pantalones con tirantes y una camiseta vieja y que hacía la acción de liberar un pájaro que sujetaba con ambas manos. Aminoré mi paso sin pararme totalmente totalmente abstraido con la visión; la estatua era tan real que casi estaba esperando que en cualquier momento el pájaro alzase el vuelo. Lógicamente eso no llegó a pasar nunca, pero yo distraído tropecé con algo. Una vez recuperado el equilibrio, miré al suelo y observé a una mujer de unos 50 años que dormía allí.
Era una mendiga y no lo era al mismo tiempo. Se hace difícil de explicar pues tendríais que verla. Sin duda era una mendiga pues dormía sobre unos cartones y cerca suyo tenía unas bolsas de donde sobresalía una manta, pero había algo raro en ella: para empezar no pedía limosna, iba perfectamente arreglada a pesar de que las mallas que llevaba y su gabardina se veían algo viejas, en cambio a ella se la veía inmaculadamente limpia y bien peinada, con una cola que le recogía sus blancos cabellos y encima la falda tenía un libro (es la primera vez que veo un mendigo leyendo!!). Como he dicho anteriormente, es complicado de describir pero esa mujer me transmitió una gran sensación de dignidad y de paz interior.
Desgraciadamente ese momento duró poco. Como consecuencia de mi golpe, la mujer se despertó lentamente y cuando me vio allí de pie observándola dijo: “Tu también hablas en sueños con las estatuas verdad?” Al escuchar esas palabras me quedé helado y sin ser amo de mi mismo apreté a correr mientras oía a lo lejos como la mujer me chillaba “No marches, tenemos que hablar…”
No comprendí inmediatamente el significado de esas palabras, pero cuando conseguí calmarme empecé a temerme lo peor, como podía ser que esa mujer supiese nada de mis sueños? Y qué significaba el “tu también hablas en sueños con las estatuas” ? Hay más gente que habla con ellas? Si así fuese, significaría que mis sueños ya no son una fijación mía, sino que eran una especie de enfermedad o encanterio que ha poseido mi espíritu al igual que el de otras personas. No lo acababa de entender pero lo que sí sabía del cierto era que amaba esa escultura y cada vez se me hacía más insufrible las horas del día en que no podía gozar de su presencia.
Me decidí a enfrentarme a mis miedos y reencontrarme a mi tan soñada princesa. Eso fue hace ahora tres semanas: Fui y al verla comprendí inmediatamente donde estaba mi futuro: Tenía que amarla, verla cada día, recorrer cada día cada centímetro de su cuerpo ni que fuese con la mirada y observar como cambiaba su tonalidad metálica, sus sombras, su temperatura con los primeros rayos de sol por la mañana o con el sol del mediodía o con la luz de la luna, incluso observar como cambiaba con el paso de las estaciones y de los años. En definitiva, quería hacerme duro e inmóvil como ella para así poder disfrutar de toda la eternidad a su lado… sin embargo esto no podía ser…
Durante las semanas siguientes, volví cada vez más frecuentemente, incluso de noche, así he descubierto que si duermo cerca de ella mis sueños son más reales si cabe. Os decía a vosotros padres que salía con los amigos y a vosotros amigos que tenía que quedarme en casa, y de esta forma, como dos amantes furtivos nos amábamos a escondidas. Ahora ya no puedo ocultarlo más: muero a cada segundo que pasa y no puedo estar a su lado y por eso marcho para reunirme con ella.
Os ruego que no tratéis de impedírmelo, si os escribo esto, no es para pediros ayuda, pues sé que la única salida para mi es esta o el manicomio. Y por favor, no sufráis, ni sintáis lástima por mi si pasáis por la esquina de Paseo de Gracia – Diagonal y me veis durmiendo como un pobre, pensad que soy uno de los hombres más felices de la tierra.
Os deseo a todos vosotros que seáis tan felices como yo.
Un fuerte abrazo,
Jordi Grau
siempre me ha gustado este relato :)