Un petit homenatge a aquest joc que ens ha entretingut a tots i que ha obsessionat a molts.
Fa poc algú em comentava que circulant per l'autopista havia arribat a imaginar-se els carrils i els cotxes que avançava com una gran partida de tetris... juas!
... sin comentarios...
Anava jo distret com sempre mirant les musaranyes quan vaig veure una perfecta, artesanal i rudimentària ferradura que el seu propietari segur estava trobant a faltar. Vaig mirar carrer amunt i avall esperant veure un cavall trotant a 3 potes i disposat a córrer cap a ell per tornar-la-hi. Al no veure'l no vaig dubtar en posar-lo al sarró, convençut que em portaria bona sort. Els seus efectes no van tardar a fer-se notar: a l'arribar a l'hotel amb la meva ferradura, la preciosa recepcionista es va recordar per primer cop del número de la meva habitació i em va somriure, en el restaurant quan vaig demanar sense entendre res de la carta, la vaig encertar i em van dur un plat boníssim que encara ara em pregunto què era, després vaig aconseguir plaça al tren que volia i només vaig haver de fer una hora i mitja de cua, i per acabar de demostrar l'eficàcia del meu nou amulet, ja a mitjanit, quan un impuls em va conduir a l'interior d'un cafè internet, em vaig trobar el correu que feia dies esperava. Això si ha estat una bona troballa!!!!
Acabades les vacances, he col·locat la ferradura al lloc que li pertoca, al costat d'un altre talismà perquè redoblin el seu poder junts i a més compto que es mantingui fidel als seus avantpassats i em protegeixi de satanassos i de bruixes.
I posats a parlar de talismans, doncs aquí va la meva cançó talismà:
Acabades les vacances, he col·locat la ferradura al lloc que li pertoca, al costat d'un altre talismà perquè redoblin el seu poder junts i a més compto que es mantingui fidel als seus avantpassats i em protegeixi de satanassos i de bruixes.
I posats a parlar de talismans, doncs aquí va la meva cançó talismà:
Una herradura, el calzado de Caballos, mulos y burros, colgada en algún sitio, está considerado como el más universal de todos los amuletos de la suerte.
La herradura era un talismán poderoso en todas las épocas y en todos los países en los que existía el caballo. Aunque los griegos introdujeron la herradura en la cultura occidental en el siglo IV, y la consideraban como símbolo de buena suerte, la leyenda atribuye a san Dunstan el haber otorgado a la herradura, colgada sobre la puerta de una casa, un poder especial contra el mal.
Según la tradición, Dunstan, herrero de profesión pero que llegaría a ser arzobispo de Canterbury en el año 959, recibió un día la visita de un hombre que le pidió unas herraduras para sus pies, unos pies de forma sospechosamente parecida a pezuñas. Dunstan reconoció inmediatamente a Satanás en su cliente, y explicó que, para realizar su tarea, era forzoso encadenar al hombre a la pared.
Deliberadamente, el santo procuró que su trabajo resultara tan doloroso, que el diablo encadenado le pidió repetidamente misericordia. Dunstan se negó a soltarlo hasta que el diablo juró solemnemente no entrar nunca en una casa donde hubiera una herradura colgada sobre la puerta.
Desde la aparición de esta leyenda en el siglo X, los cristianos tuvieron la herradura en alta estima, colocándola primero sobre el dintel de la puerta y trasladándola más tarde al centro de ésta, donde cumplía la doble función de talismán y picaporte.
Este es el origen del picaporte en forma de herradura. En otros tiempos, los cristianos celebraban la fiesta de san Dunstan, el 19 de mayo, con juegos en los que se empleaban herraduras.
Para los griegos, los poderes mágicos de la herradura emanaban de otros factores. Las herraduras eran de hierro, un elemento que se creía que ahuyentaba el mal, y la herradura tenía la forma de una luna en cuarto creciente, que desde antiguo era considerada como símbolo de fertilidad y fortuna.
Los romanos se apropiaron de este objeto, a la vez como práctico dispositivo ecuestre y como talismán, y su creencia pagana en sus poderes mágicos pasó a los cristianos, que dieron a esta superstición su versión basada en san Dunstan.
En la Edad Media, cuando cundía al máximo el temor a la brujería, la herradura adquirió un poder adicional. Se creía que las brujas se desplazaban montadas en escobas porque temían a los caballos, y que cualquier cosa que les recordara un caballo, especialmente su herradura de hierro, las ahuyentaba como un crucifijo aterrorizaba a un vampiro. La mujer acusada de brujería era enterrada con una herradura clavada en la tapa de su ataúd, para impedir su resurrección.
En Rusia, al herrero que forjaba herraduras se le consideraba dotado de capacidad para realizar «magia blanca» contra la brujería, y los juramentos solemnes relativos al matrimonio, los contratos comerciales y las compraventas de propiedades no se prestaban sobre una Biblia, sino sobre los yunques utilizados para martillear las herraduras.
Una herradura no podía colgarse de cualquier forma: su disposición correcta era con los extremos hacia arriba, pues de lo contrario su reserva de suerte se vaciaba.
En las Islas británicas, la herradura se mantuvo como potente símbolo de suerte hasta bien entrado el siglo XIX. Un popular encantamiento irlandés contra el mal y la enfermedad —originado a la vez la leyenda de san Dunstan— decía: «Padre, Hijo y Espíritu Santo, clavad el diablo en un palo.»
En 1805, cuando el almirante británico lord Horacio Nelson se enfrentó a los enemigos de su nación en la batalla de Trafalgar, el supersticioso inglés clavó una herradura en el mástil de su navío almirante, el Victory.
"...algunos políticos tratan de generar una crispación en el ámbito político que quieren trasladar a la ciudadanía, lo cuál es terrible cuando precisamente la función de los políticos debería ser distendir las tensiones entre la gente, es como si se colase un pirómano en el cuerpo de bomberos..."
En una secció de consells d'una revista per adolescents egípcia molt kitsch vaig trobar això:
Apreciada doctora Abd Salima,
Me llamo Fátima, tengo 17 años y vivo en un barrio obrero del Cairo. Mi família me ha educado en los valores del Corán y me considero una buena musulmana. Así desde la pubertad mis padres me impusieron la hijab, y yo la tomé con auténtico orgullo. Desde entonces, nunca he salido de casa sin ella, y desde entonces, absolutamente nadie, exceptuando mi família, ha visto el color de mi piel. Como buena creyente, sé que el velo es la vestimenta que permite que los hombres me aprecien por mi personalidad y por lo que digo antes que por mi apariencia física. Sé todo lo que dice el Corán al respeto y hasta hace poco nunca lo había cuestionado. Es más, veía con tristeza como mis compañeras de colegio se exhibían con coquetería ante los muchachos, las más rebeldes despojándose directamente del velo y exhibiendo su cuerpo impúdicamente, otras dejando caer distraídamente un mechón de su pelo, o levantándose con falsa timidez el velo unos segundos, y yo pensaba que eso nunca me ocurriría a mi. Pero este curso todo ha cambiado. Me gusta mucho un chico de la clase, y hace un par de meses que con cualquier pretexto nos escapamos de los amigos y nos damos largos paseos a solas. Unos días atrás me pidió que le enseñara mi rostro. Qué hago? Quiero mostrarme, ni que sea unos segundos, pero sé que la religión me prohibe mostrarme a nadie que no sea mi família. Le dije que no, y él no me ha vuelto a insistir. Ahora bien, yo deseo que me vea, y creo que el próximo viernes me levantaré el velo solo para él. Estoy confusa, y nerviosa y me gustaría que me diese un buen motivo para no hacerlo.
Apreciada Fátima,
Se te nota muy angustiada y no hay motivos para ello: eres una buena musulmana y decidas lo que decidas, lo continuarás siendo así que no temas. Me preguntas un buen motivo para no mostrarte ante tu amigo, y puesto que veo que los motivos religiosos por los que llevar el velo los conoces bien, te daré un motivo más personal basado en mi propia experiencia. Como he explicado en otras ocasiones, yo también llevo la hijab y al igual que tu, siempre la he llevado, y también hubo un tiempo en que estuve muy tentada de quitármelo, era durante el auge de un feminismo occidentalizado mal entendido en el que se creía que el velo era una herramienta de represión para la mujer. Yo nunca lo ví así, aunque admito que durante unos años tuve mis dudas, pero estas se disiparon por completo cuando despúés de casarme me mostré por primera vez ante mi marido. Ese es uno de los momentos más especiales de mi vida, y aún hoy cuando llego a casa y me quito el velo solo para él, recordamos ese instante y nos emocionamos. Este es mi principal motivo para llevar el velo: para mostrar mi amor por Allah y por mi marido, y es una satisfacción muy íntima para nosotros saber que solo sus ojos se han posado en mi, y que solo en mi se han posado sus ojos. Espero que esta reflexión te sirva.
Hi ha petites alegries del dia a dia, moltes, són aquelles que ens dibuixen un somriure del que no en som conscients, però són allà, imperceptibles i modestes. Cadascú té les seves, per algú és la olor a pa del forn de la cantonada en el seu camí cap a la feina, per altres és descobrir una carta de les manuscrites a la bústia, o que algú et deixi colar en el supermercat, o trobar-te una moneda al terra...
Una alegria comuna i compartida per tothom quan vas o tornes de vacances, és veure la teva maleta sortint per la cinta transportadora dels aeroports. Us heu fixat en la tensió dibuixada a les cares de la gent mentre esperen? Després l'angústia quan la cinta comença a rodar i van apareixent maletes de totes les formes i colors, però la teva encara no surt, i finalment apareix ella, com les vedettes dels antics musicals, baixant per l'escala tota glamourosa i anunciant "aquí estic jo!" i tu que et mors de ganes d'aplaudir a rabiar però et controles per por a fer el ridícul.
Una alegria comuna i compartida per tothom quan vas o tornes de vacances, és veure la teva maleta sortint per la cinta transportadora dels aeroports. Us heu fixat en la tensió dibuixada a les cares de la gent mentre esperen? Després l'angústia quan la cinta comença a rodar i van apareixent maletes de totes les formes i colors, però la teva encara no surt, i finalment apareix ella, com les vedettes dels antics musicals, baixant per l'escala tota glamourosa i anunciant "aquí estic jo!" i tu que et mors de ganes d'aplaudir a rabiar però et controles per por a fer el ridícul.
Ays però si es retrassa, quins nervis quan veus que tothom va recollint la seva maleta i va marxant, que ja ets dels últims i la teva maleta es fa la reticent, curiosament sempre tranquil·litza molt veure que no ets l'únic que la seva maleta ha decidit deixar-lo plantat i anar a veure món, mires de reull al costat, els hi fas un somriure histèric, algun comentari graciós potser... i llavors de sobte hi ha el moment de pànic: la cinta es para, adeu les poques esperances que et quedaven.
Llavors entra en joc l'oficina d'equipatges perduts, que saps que no servirà de res, però tu igualment descarregues les teves ires i frustracions en ells. És per això que són allà, són com les boles anti-stress, creades perquè et descarreguis i t'alliberis de la tensió de l'espera, de saber que la teva maleta ja s´ha fartat de seguir-te a la fi del món i s'ha independitzat.
Però no sóm conscients de la sort que tenim de disposar d'una oficina de reclamacions. A mi sempre m'entristeix molt veure a les cintes dels aeroports, 3 o 4 maletes allà donant voltes, desesperades, i és que elles han perdut als seus propietaris i no tenen enlloc on anar a reclamar. Allà es queden, donant voltes sense saber què fer, mentres en alguna habitació d'algun aeroport, el seu propietari es barreja amb altres viatgers que com ell, esperen que algú els reclami.
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